10.01.2010

Sueños de Otoño


"Hoy tuve un sueño, toda la noche había estado lloviendo, al amanecer, el nuevo día no le quiso llevar la contraria a la noche y dejó que la lluvia siguiera acariciando los campos, los bosques, los tejados, anunciando la llegada del Otoño y despertando sus olores.
Al pueblo lo rodeaban dos ríos, uno que iba a parar al mar y otro que corriente abajo, pasado el pueblo, desembocaba en el primero, sus aguas claras y cristalinas, - que siempre se dejaban llevar mansamente sin hacer ruido, contorsionándose ahora aquí, ahora allí, como una mujer que sabe de su belleza, transcurrían por bosques de encinas, plataneros, robles, chopos altos como catedrales, formando los templos de la naturaleza, todos envueltos por una variedad extraordinaria de plantas trepadoras, todas ellas queriendo alcanzar un lugar en las alturas, un hueco por el que disfrutar de unos cuantos rayos de sol y que la nubes les habían negado en este día,- ahora bajaban más rápidas y saltarinas, arrastrando con ellas lo que el agua le arrancaba a la tierra cauce arriba, había un abundante matorral bajo que te obligaba a caminar por senderos a veces bien definidos y otras en donde debías tener cierta pericia en la orientación si querías acertar con el camino a seguir.
Hacía poco que había dejado de llover y todo en el bosque reventaba de esplendor, a pesar de la decadencia del verano, las hojas brillaban como si una fina capa de cera se hubiera depositado sobre ellas.
En uno de los recodos del camino, un niño no mucho más alto de lo que puede medir cualquier helecho y del que no estoy seguro de adivinar su edad, contemplaba asombrado la inmensa altura de los árboles que le rodeaban, uno de ellos le obligó a caerse de culo, pues no alcanzaba a ver sus ramas mas altas, por todos los rincones corrían hilos de agua que el niño pisaba y golpeaba, sabiendo que su madre no le regañaría por haberse mojado los zapatos, llevaba puestas unas botas de agua casi más grandes que sus piernas, eso sí, debería tener mucho cuidado al entrar en su casa y no mancharle de barro el suelo a su madre, la última vez le costó dos días sin salir, de repente le llamó la atención un coro de pájaros que resonaba por todo el bosque, estuvo un largo rato explorando hasta donde la mirada le alcanzaba, en qué sitio pudiera descubrir alguno de esos pajaritos de cantos tan alegres, cuando creía ver alguno enseguida lo perdía, estando en estos quehaceres sintió un golpecito en la cabeza, mirando que podía haber sido lo que le golpeo, recogió del suelo una bellota que seguramente uno de esos pajaritos le había tirado desde lo alto de los árboles, con la curiosidad infantil de todo niño pensó que aquello igual se comía, empezó a mordisquearla ¡estaba buena!! continuó la exploración esperando, por si le volvían a tirar otra. Algo le distrajo la búsqueda ¿a qué olía? era algo que él no podía descifrar, pero sin saberlo ese olor a tierra mojada, a Otoño, a bosque húmedo, le acompañaría toda la vida como recuerdos de la infancia que le llenarían de calma y sosiego.
Alguien me despertó con una voz no muy amable, era mi compañera, me había dejado la puerta de casa abierta y ni siquiera me había quitado las botas de agua, quedándome dormido en el sofá y dejando todo un reguero de barro que debía apresurarme en limpiar si quería evitar males mayores."
(escrito de una vieja amistad que he considerado se merece compartir)

4 comentaris:

garbi24 ha dit...

Somnis de tardor....macos si es poden mirar des d'un lloc acollidor.

Glòria ha dit...

Maco també el comentari, Garbí; segur que arribarà a la persona que ho ha escrit.
Bon cap de setmana.

Joana ha dit...

La tardor inspira, sempre.

Glòria ha dit...

Cert, gaudim-la!